FATIGA: ¿Son reales nuestros límites?

Uno de mis primeros post para NOVENTA PALADAS trataba acerca de la fatiga mental. Para este último post de 2014 me gustaría tratar el tema de la fatiga en general.

Hace más de un siglo, el fisiólogo italiano A. Mosso escribió que la fatiga “a priori podría parecer una imperfección del cuerpo, pero en realidad es una de sus perfecciones más maravillosas. La fatiga incrementa más rápidamente que el trabajo que realizamos con el fin de preservar nuestro organismo de severas lesiones. En este sentido, la fatiga muscular es al fin y al cabo un agotamiento del sistema nervioso.”

Durante años, debido en parte a los trabajos realizados por V. Hill, se creyó que la fatiga era el resultado de cambios bioquímicos de la musculatura en acción (fatiga periférica) y que sucedía sin la ayuda del sistema nervioso central.

Gracias a la neurociencia, un siglo más tarde podemos confirmar la teoría de Mosso de que el cerebro y los músculos alteran su funcionamiento durante el ejercicio y que la fatiga es predominantemente una emoción cuya función es la de proteger al cuerpo. Parece ser que el cerebro emplea los síntomas de la fatiga como un regulador para asegurarse de que el ejercicio se realiza sin dañar al cuerpo. Estas sensaciones de fatiga son únicas para cada individuo y según el profesor Samuele Marcora de la Universidad de Kent, es poco probable que alcancemos el limite real del esfuerzo. La fatiga es un equilibrio entre el esfuerzo y la motivación, y el hecho de abandonar un esfuerzo se debe mayormente a una decisión consciente más que a un fallo mecánico.

Hace unos meses, la Universidad de Bangor en Gales realizó un estudio muy interesante con 13 ciclistas. El test se realizó en un laboratorio sobre una bicicleta estática y consistía en pedalear a un ritmo establecido  durante todo el tiempo que pudieran hasta el agotamiento. El test a priori parece un estudio ordinario pero la diferencia estaba en que mientras éstos pedaleaban, se les mostraban imágenes de caras alegres o tristes en una pantalla a 16 milisegundos (10 a 20 veces menos que un pestañeo).

Curiosamente, aquellos a los que se les pusieron las imágenes de caras tristes aguantaron sobre la bicicleta 22 minutos y 22 segundos de media. En cambio, aquellos que sólo recibían imágenes de caras alegres, aguantaron 25 minutos de media (3 minutos más) y mostraron una percepción menor de agotamiento.

En este enlace podréis ver un ejemplo de las imágenes que vieron los ciclistas mientras se esforzaban hasta el agotamiento:

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Posteriormente, se realizó otro estudio en el que en vez de caras, los ciclistas recibían mensajes subliminales de palabras que pudieran llevarles a la acción como ¡vamos! o “alegre” y otras que pudieran provocar cansancio como “dormir” y “esfuerzo”. De nuevo, aquellos que recibieron los mensajes más positivos rindieron un 17 por ciento más que aquellos que habían recibido mensajes negativos. Lo curioso es que en ambos experimentos, los niveles de frecuencia cardíaca y de láctato de los ciclistas incrementaba de igual manera. Esto nos hace pensar entonces que la diferencia debiera estar de cuello para arriba y que la fatiga es al fin y al cabo un mecanismo para que “bajes la marcha” y no dañes tu cuerpo.

Lo interesante de todo esto es que por suerte (para aquellos que quieran seguir superándose), esa tolerancia a la fatiga se puede entrenar, y que cuanto más lo hagamos, más podremos empujar ese “limite”.

En cuanto al estudio de las caras y los mensajes, yo por si acaso, antes de una competición me rodearía de gente sonriente que me diese ánimos.

 En este video podemos ver dos ejemplos de cómo estas dos triatletas ironwoman se acercan a esos límites (y a su vez podríamos pensar en cómo sus cuerpos están constantemente manteniendo su homeostasis):

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Nuevo artículo científico.

Durante meses los miembros del grupo de investigación IKERKI de la Universidad del País Vasco y yo hemos estado trabajando en la elaboración de un artículo científico que ha sido publicado recientemente en la revista de impacto Cuadernos de Psicología del Deporte. En este enlace podréis acceder al artículo online y mediante éste otro podréis descargarlo.

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