VISITA AL MUSEO DE STRUER

Autor: Ekaitz Saies Ranger_1

La semana pasada estuve visitando el museo de Struer (Dinamarca) donde se encuentran expuestos numerosos kayaks de la histórica compañía de piraguas del mismo nombre.

La empresa se fundó en 1947 por Sv. Helge Kobberup y Gerhard Sørensen. Un año más tarde, dos de sus piraguas cruzaban la línea de llegada de los JJOO de Londres 1948 comandadas por Karen Hoff, quién obtuvo la medalla de oro, y Frederik Kobberup, que obtuvo la de plata.

Sus diseños fueron pioneros y aún, a día de hoy, siguen produciendo piraguas estéticamente igualmente espectaculares.

Los constructores de Struer invirtieron muchísimo tiempo en desarrollar un casco (parte de abajo del kayak o canoa) que fuera lo más rápido posible.

Dos de lo modelos que más éxitos cosecharon fueron el LANCER de 1969 y el RANGER de 1971.

Pero, el modelo de casco óptimo llegó en el año 1978, cuando el State Laboratory for Ship Technology (desarrollo naval) de Copenhagen determinó qué tipo de casco era  el más eficaz en su hidrodinámica.

En base a ese casco, Struer desarrolló el CLEAVER (lo veréis en el video) y el TIGER (modelo con el que competí hasta llegar a cadete).

El último modelo, el Power X, tiene líneas más modernas pero mantiene la misma esencia de sus predecesores.

Los medallistas olímpicos que lograron medallas con las embarcaciones de Struer fueron:

  • 1948  Frederik Kobberup (DEN) Silver
  • 1948  Karen Hoff (DEN) Gold
  • 1952  Gert Fredriksson (SWE) Gold
  • 1956  Gert Fredriksson (SWE) Gold
  • 1960  Erik Hansen (DEN) Gold
  • 1968  Mihály Hesz (HUN) Gold
  • 1972  Aleksandr Sjaparenko (USR) Gold
  • 1984  Alan Thompson (NZL) Gold
  • 1992  Clint Robinson (AUS) Gold
  • 1996  Knut Holmann (NOR) Gold
  • 1996  Antonio Rossi (ITA) Gold

Página web de STRUER DENMARK

Cameraman: Pete Krappen

Música: Polaroid bnd

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FATIGA: ¿Son reales nuestros límites?

Uno de mis primeros post para NOVENTA PALADAS trataba acerca de la fatiga mental. Para este último post de 2014 me gustaría tratar el tema de la fatiga en general.

Hace más de un siglo, el fisiólogo italiano A. Mosso escribió que la fatiga “a priori podría parecer una imperfección del cuerpo, pero en realidad es una de sus perfecciones más maravillosas. La fatiga incrementa más rápidamente que el trabajo que realizamos con el fin de preservar nuestro organismo de severas lesiones. En este sentido, la fatiga muscular es al fin y al cabo un agotamiento del sistema nervioso.”

Durante años, debido en parte a los trabajos realizados por V. Hill, se creyó que la fatiga era el resultado de cambios bioquímicos de la musculatura en acción (fatiga periférica) y que sucedía sin la ayuda del sistema nervioso central.

Gracias a la neurociencia, un siglo más tarde podemos confirmar la teoría de Mosso de que el cerebro y los músculos alteran su funcionamiento durante el ejercicio y que la fatiga es predominantemente una emoción cuya función es la de proteger al cuerpo. Parece ser que el cerebro emplea los síntomas de la fatiga como un regulador para asegurarse de que el ejercicio se realiza sin dañar al cuerpo. Estas sensaciones de fatiga son únicas para cada individuo y según el profesor Samuele Marcora de la Universidad de Kent, es poco probable que alcancemos el limite real del esfuerzo. La fatiga es un equilibrio entre el esfuerzo y la motivación, y el hecho de abandonar un esfuerzo se debe mayormente a una decisión consciente más que a un fallo mecánico.

Hace unos meses, la Universidad de Bangor en Gales realizó un estudio muy interesante con 13 ciclistas. El test se realizó en un laboratorio sobre una bicicleta estática y consistía en pedalear a un ritmo establecido  durante todo el tiempo que pudieran hasta el agotamiento. El test a priori parece un estudio ordinario pero la diferencia estaba en que mientras éstos pedaleaban, se les mostraban imágenes de caras alegres o tristes en una pantalla a 16 milisegundos (10 a 20 veces menos que un pestañeo).

Curiosamente, aquellos a los que se les pusieron las imágenes de caras tristes aguantaron sobre la bicicleta 22 minutos y 22 segundos de media. En cambio, aquellos que sólo recibían imágenes de caras alegres, aguantaron 25 minutos de media (3 minutos más) y mostraron una percepción menor de agotamiento.

En este enlace podréis ver un ejemplo de las imágenes que vieron los ciclistas mientras se esforzaban hasta el agotamiento:

 http://player.cnevids.com/embed/548b1c5861646d1f910a0000/52f2ad0169702d21a5080000

Posteriormente, se realizó otro estudio en el que en vez de caras, los ciclistas recibían mensajes subliminales de palabras que pudieran llevarles a la acción como ¡vamos! o “alegre” y otras que pudieran provocar cansancio como “dormir” y “esfuerzo”. De nuevo, aquellos que recibieron los mensajes más positivos rindieron un 17 por ciento más que aquellos que habían recibido mensajes negativos. Lo curioso es que en ambos experimentos, los niveles de frecuencia cardíaca y de láctato de los ciclistas incrementaba de igual manera. Esto nos hace pensar entonces que la diferencia debiera estar de cuello para arriba y que la fatiga es al fin y al cabo un mecanismo para que “bajes la marcha” y no dañes tu cuerpo.

Lo interesante de todo esto es que por suerte (para aquellos que quieran seguir superándose), esa tolerancia a la fatiga se puede entrenar, y que cuanto más lo hagamos, más podremos empujar ese “limite”.

En cuanto al estudio de las caras y los mensajes, yo por si acaso, antes de una competición me rodearía de gente sonriente que me diese ánimos.

 En este video podemos ver dos ejemplos de cómo estas dos triatletas ironwoman se acercan a esos límites (y a su vez podríamos pensar en cómo sus cuerpos están constantemente manteniendo su homeostasis):

Ropa de compresión para piragüistas. ¿una moda o funciona?

Autor: Ekaitz Saies

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Cada vez se ven más camisetas técnicas de compresión en los entrenamientos y en las competiciones de piragüismo, pero como ocurre a menudo, antes de comprarnos una ¿sabemos de verdad si funcionan?.

Existen numerosos estudios que han estudiado la temática de las prendas de compresión y sus efectos sobre el tren inferior (con resultados contradictorios que requieren de más estudios) pero hasta la fecha sólo una investigación se ha centrado en los posibles efectos fisiológicos y de rendimiento que pueden ejercer las prendas de compresión sobre el tren superior en deportes en los cuales el dominio de esta parte del cuerpo es mayor. Para ello, los autores del estudio escogieron a 7 piraguistas de élite, 5 varones (media de edad: 21.8±2.8; media de peso 83.5±9.2 kg) y 2 mujeres (media de edad: 25.0±4.2; media de peso 71.4±2.7 kg).

Los palistas realizaron un test incremental en kayak-ergómetro de 6 escalones seguidos de un test maximal de 4 minutos (a tope) de las dos maneras, es decir, una vez llevando puestos complementos de compresión y en la otra sin nada (ni camiseta ni sujetador deportivo). Una vez más, el orden de los controles fue aleatorio.

Se analizaron los valores de la frecuencia cardíaca y el consumo de oxígeno, al igual que se midieron valores de rendimiento como la potencia, la distancia recorrida y la frecuencia de paleo. Por último, se tomaron muestras de lactato al final de cada escalón del test incremental, y otra vez a los tres minutos de haber terminado el test maximal de los 4 minutos.

Durante todas las pruebas se monitorizaron continuamente el riego sanguíneo y la oxigenación del músculo flexor radial del carpo (en la zona del antebrazo) mediante un aparato espectroscópico de infrarojos.

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En cuanto a los resultados obtenidos por esta investigación, no se encotraron diferencias significativas entre llevar o no prendas de compresión, en relación al rendimiento y los valores cardiorespiratorios y de oxigenación durante ambas pruebas (test incremental y el maximal de 4min).

Por ello, los autores del estudio concluyen que las prendas de compresión no ofrecen ningún beneficio fisiológico ni de rendimiento en piragüistas de élite de aguas tranquilas.

De momento, este es el único estudio que existe sobre esta temática pero por lo que podemos observar, parece que a la hora de escoger una prenda técnica, miremos otros aspectos más prácticos (por ejemplo: confort o calidez) en vez de a sus líneas de compresión. Esto no quiere decir que os tengáis que desprender de ninguna de vuestras camisetas de compresión, por que además de que muchas pueden ser estéticamente bonitas (como dice el refrán “para gustos hay colores”), a nivel individual puede generar un efecto placebo que puede influir en el rendimiento de ese deportista el cual tiene la convicción de que esa camiseta le esta ayudando a mejorar su rendimiento. Pero esto último lo dejaremos para otro momento.

¿Puede un tipo de asiento hacerme ir más rápido?

Siempre me he preguntado acerca de cómo el material deportivo puede mejorar nuestro rendimiento. Un caso muy típico entre palistas de diferentes modalidades es el de preguntarse el uno al otro acerca de las medidas de la pala. Es bastante cotidiano escuchar entre miembros de un mismo grupo de entrenamiento preguntas como: ¿Cuánto mide tu pala? ¿de que medida son tus cucharas?, pero siempre me ha parecido curioso el hecho de que nunca le hayamos prestado demasiada atención al asiento.

Si nos ponemos a pensar, la trasmisión a la piragua pasa por dos puntos principales: el trasero y los talones. Cualquier movimiento que ejerzamos sobre el asiento puede influir en que la piragua tenga más o menos “roll” (girar hacia uno y otro lado), lo que a su vez hace que la resistencia del agua sobre el casco de la embarcación sea mayor o menor (sin mencionar los cabeceos, bandazos, leves movimientos laterales del mismo eje, etc.). Puede ser que además del estilo y de la técnica del palista, la forma del asiento también influya de alguna manera en la hidrodinámica de la piragua debido a las diferentes fuerzas que el palista ejerce sobre su asiento.

En un estudio dirigido por J.S. Michael de la Universidad de Sydney y publicado en la International Journal of Sports Medicine en 2010, descubrieron que sobre un ergómetro los palistas generaban más potencia cuando empleaban un asiento giratorio (swivel seat) que cuando utilizaban un asiento estándar.

El protocolo que siguieron fue el de realizar en primer lugar un calentamiento submaximal, seguido de un test en un kayak-ergómetro. Para ello, escogieron aleatoriamente a 10 kayakistas de élite (su edad: 25+/-6 y su peso corporal de 84.9+/-5.8 kg).

Cada palista realizó dos test en los que se utilizó uno de los dos asientos asignados de manera aleatoria.

Durante los controles, se midieron la espiración (respiratoria), el ritmo cardíaco y la potencia generada, y por otra parte, se calculó la eficiencia total del paleo. Por último, se tomaron muestras de lactato al finalizar cada prueba.

Tras realizar los análisis estadísticos pertinentes, los autores vieron que palear con un asiento giratorio generaba más potencia media sobre una prueba de 2 minutos de duración que si se empleaba un asiento fijo.

Basándose en los resultados obtenidos tras este estudio, sus autores se preguntaron si esto mismo podría ocurrir en condiciones reales. Es decir, sobre el medio acuático.

Bien, para responder a esta pregunta, a comienzos de este año realicé un pequeño estudio de caso a nivel personal utilizándome a mi mismo como sujeto. Me gustaría en primer lugar adelantar que el estudio cuenta con algunos fallos de protocolo y un déficit de muestra que lo haría imposible de ser aceptado como estudio científico válido, pero de todas formas, me gustaría compartirlo con vosotros de manera anecdótica.

El estudio se llevó a cabo durante los días 14, 16 y 18 de enero de 2014 y en él realicé 6 series de 100 metros a barco parado con una recuperación total. Para todos los test se empleó el mismo K1 (NELO Vanquish 4) y la misma pala (Bracsa I S-min extra light).

Para el estudio se emplearon 3 tipos de asientos diferentes a los que anteriormente me había familiarizado durante un mes (cada día utilizaba uno diferente). Los asientos fueron escogidos basándome en algunos de los asientos empleados por los medallistas olímpicos de k1 1000m, k1 500m, k1 200m y k2 200m de los dos últimos Juegos Olímpicos:

-Asiento giratorio (gira sobre un eje central)

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-Asiento fijo estándar con una tela de teflón (para deslizar sobre ella)

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-Asiento fijo alto.

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Cada día se realizaron 2 series con cada uno de ellos y el orden fue aleatorio (3 y 3).

Se analizaron 2 variables empleando un aparato triaxial desarrollado por la empresa Catapult llamado Minimaxx. Las variables a estudio fueron:

1) Tiempo sobre los metros 10 y 90.

2) Roll (movimientos laterales).

Si os fijáis en la tabla y en la gráfica de abajo podréis ver cómo el asiento con el que más rápido fui (si tomamos en cuenta las medias de los tiempos realizados con cada asiento) fue el asiento fijo alto.

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Según parecen indicar los escasos estudios empíricos que existen sobre los 200 metros, el hecho de poder alcanzar un pico máximo de velocidad durante los primeros 100 metros es de vital importancia.

Basándonos en mi estudio de caso anecdótico, podríamos decir que el asiento fijo alto sería el más indicado para mí en caso de competir en 200m. De todas formas, y éste es un dato que me parece relevante, el “roll” con el asiento giratorio y el estándar con la tela de teflón era muchísimo menor que cuando empleaba el asiento fijo alto, lo que hidrodinámicamente el asiento alto pudiera perjudicarme sobre distancias más largas con respecto a los otros dos tipos de asientos.

Si nos fijamos en los asientos empleados por los palistas medallistas en los 2 últimos Juegos Olímpicos y Campeonatos del Mundo (lo siento, pero por respeto hacía ellos no puedo citar cual utiliza cada uno) vemos que no hay consenso puesto que cada uno parece emplear uno diferente e incluso con variaciones dentro de un mismo tipo.

Por lo que en mi opinión, al igual que ocurre con las palas, lo importante es que cada uno vaya cómodo con su material.

Dicho esto, los aparatos de telemetría pueden ayudarnos a que cada palista pueda sacar más provecho a su estilo y a su técnica para poder ir más rápido sobre el agua, además de acortar el proceso de ensayo-error.